LA ENVIDIA EN LA EMPRESA : ¿POR QUÉ YO NO?

¿Por qué yo no?, esta pregunta, que, en alguna medida, todos nos hemos hecho alguna vez, parece apelar a un principio de igualdad: “Si somos iguales, ¿por qué él/ella sí, y yo no?”. Sin embargo, bajo esa apariencia de legítima aspiración, la pregunta remite a un sentimiento que siempre trataremos de ocultar: la envidia.  No envidiamos a los héroes, envidiamos a nuestros iguales, a nuestros compañeros, a nuestros hermanos, a nuestros colegas…, todos son espejos de nuestra propia imagen, pero en la envidia, esa imagen especular nos resulta dolorosa.

La envidia surge como un proceso de comparación, en el que la persona se ve a sí misma en una  situación de desventaja frente a otro, al que percibe como superior en algún aspecto de su vida que considera importante. Es decir, la envidia se experimenta en la confrontación con quien parece ser muy afortunado, con quien tiene logros, bienes, o atributos, frente a los que el envidioso, se encuentra en una situación de carencia o privación. La percepción de este contraste le produce un dolor insoportable que tratará de neutralizar como sea, difamando, devaluando, utilizando la ironía, el sarcasmo, o la burla. El envidioso tiene deseos de destruir al otro, ya que percibe al  poseedor del bien, como el único responsable, el culpable  de sus propias deficiencias.

La envidia es una pasión secreta, no reconocemos que envidiamos a alguien, ni ante los demás, ni ante nosotros mismos. Y es así porque envidiar a alguien, nos sitúa ante nuestras propias deficiencias, que no queremos reconocer, ni  aceptar, y además, tampoco la reconoceremos ante los demás, porque la envidia es moralmente reprobable: es perverso entristecernos del bien ajeno, y alegrarnos de su desgracia. Las consecuencias de esta pasión  pueden ser dramáticas. Nuestro mito fundacional, la narración de Caín y Abel, debería llevarnos a  tenerla en cuenta como una triste característica de la naturaleza humana, y tomar conciencia de que puede causar violencias extremas. Todos sabemos el desenlace de la historia,  expresado con dramatismo, en este hermoso bajorrelieve de Antonio Cánova.

Canova-Cain-and-Abel

En el competitivo mundo de las organizaciones pueden darse muchos comportamientos envidiosos como la desvalorización, la difamación, la venganza, la atribución de la culpa….. Las propias prácticas de dirección (la evaluación del desempeño, la comparación, la insistente invitación a la mimesis, el énfasis en la competitividad…) propician estos comportamientos, y, puede ser, que al final, todo esto redunde en una mayor productividad (y por eso no se contemplen como inadecuados), pero, también es cierto que hay proyectos que fracasan por las actitudes destructivas de los participantes, pues la acción colectiva requiere solidaridad, reconocimiento mutuo, y confianza mutua.

Por otra parte, podemos tener dudas acerca de que las demandas del envidioso sean demandas justas, o, que por el contrario, se deban a su incapacidad para aceptar el hecho de que alguien tenga bienes siendo merecedor de los mismos. Sin embargo, la reacción ante la injusticia, ante la apropiación indebida de los bienes que nos corresponden por méritos propios, es la ira, la envidia requiere algo más. El envidioso cree que percibe hechos, cuando en realidad los está interpretando. Su dolor, no es tanto por la carencia de bienes, o de logros, como el sentimiento de la propia impotencia para conseguirlos El error del envidioso es no aceptarse a si mismo, y tratar de ser otro.

La única vía de superación es el deseo de ser uno mismo. El hecho de reconocer que la envidia ha anidado en nuestro interior, como un sentimiento angustioso que nos puede destruir, puede alentar el deseo de superarlo, o al menos, de no alimentarlo. La superación de esa duda íntima frente al otro, requerirá todo nuestro esfuerzo. Luis Vives decía : “Nadie que confía en su valía envidia los bienes del otro”. Quizás, sea conveniente facilitar los medios para que la persona se desarrolle, y tenga un sentimiento de la propia eficacia.

LA MIRADA TOTAL: LA EMPRESA COMO SISTEMA.

Lo que caracteriza nuestro mundo y nuestros sistemas sociales es una gran cantidad de interacciones entre un número enorme elementos. Un mundo tan complejo requiere una mirada abarcadora, un enfoque totalizador que dé cuenta de esos entramados, que integre la diversidad, que contemple los procesos en su dinamismo, y que en lugarde analizar unidades aisladas, tenga en cuenta las relaciones entre los elementos, así como el contexto del sistema. La complejidad, que hace referencia a ese enfoque integrador, surge vinculada a conceptos como incertidumbre, desorden, contradicción, totalidad, y es lo que se conoce como pensamiento complejo. Complejo viene de complexus (lo que está tejido en conjunto), y como dice Edgar Morin (1990) esta idea “se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de la ambigüedad, del desorden, de la incertidumbre”. El paradigma de la complejidad constituye una descripción más completa y una explicación más profunda de nuestra realidad. Las organizaciones, las empresas forman parte de esa realidad, y podemos considerarlas como sistemas complejos, en continuo dinamismo, y, por tanto, en un equilibrio inestable.

Una imagen visual que nos ayude a recoger todo esto, podría ser algún cuadro de Pollock, como este detalle de Autumn Rhythm, (1950), en que vemos un lienzo lleno de líneas y manchas-punto creando conexiones que dan fuerza a la totalidad, sacrificando lo concreto. Una imagen que nos recuerda a las conexiones que se establecen entre redes.

Autumn Rhythm

Si para hacernos cargo de nuestra situación en un mundo tan cambiante, y tan interconectado, es más apropiado el enfoque del pensamiento complejo, deberíamos preguntarnos entonces ¿qué consecuencias tiene incorporar la complejidad a nuestra comprensión de los procesos que ocurren en una empresa en el mundo actual?. En primer lugar, tendríamos que conocer cuáles son las características de los sistemas complejos en equilibrio inestable, puesto que, en términos de complejidad, es así como podemos definir una empresa. Veamos algunas de esas características: por ejemplo, deberíamos tener en cuenta que en esos sistemas hay una ausencia total de determinismo, y, por tanto, no es posible establecer con certeza cómo será su evolución futura. Por otra parte, en los sistemas complejos hay una falta de proporción entre causa y efecto, de forma que pequeñas perturbaciones en el entorno pueden dar lugar a grandes cambios, o a ninguno. No hay una causalidad lineal, sino circular y recursiva, de forma que los cambios tienen consecuencias permanentes,  el corto plazo influye en el largo plazo. Además, hay que tener en cuenta que en este entorno cambiante surgirán procesos de auto-organización del sistema, es decir, que hay una reestructuración, una reorientación, una auto-regulación, que surge de manera espontánea como consecuencia de la propia interacción del sistema con el entorno.

De acuerdo con esto, es preciso tomar conciencia de la globalidad, de que todo está conectado, y forma parte de un sistema en el que cada parte influye, y está influenciada por el resto de las partes. Por otra parte, puesto que no podemos eliminar la incertidumbre, la planificación a largo plazo resulta complicada. Aún cuando ha sido un elemento clave en la formulación de la estrategia, una planificación excesivamente precisa no es adecuada, ya que hay demasiadas variables que pueden cambiar y alterar el plan. No tiene sentido una estrategia empresarial basada en anticipar el futuro en base a un objetivo. La estrategia requiere ahora un gran número de escenarios, y también integrar el azar para ser aprovechado en su beneficio. La incertidumbre es de vital importancia para que surjan nuevas ideas, y nuevos proyectos.

Por otra parte, puesto que los equilibrios a los que se puede aspirar son inestables por su continuo dinamismo, una estructura rígida no facilitaría el intercambio y las conexiones, es por tanto más apropiado una estructura flexible, que estimule la polivalencia de las personas en su trabajo, y fomente la formación de grupos auto-gestionados.

En definitiva, la complejidad nos exige una toma de conciencia acerca de la incertidumbre, del azar. Tiene que ver con desvíos, y bifurcaciones, nos aboca a lo nuevo, a lo inesperado. Esto requiere un cambio de enfoque, que necesariamente fomentará el pensamiento creativo, que muchas veces es fruto de las diferencias, y, que sin duda, producirán diálogo y aprendizaje. Un cierto tipo de literatura empresarial es muy dada a formular recetarios para todo, lo que sin duda fomenta la pereza intelectual, pero la complejidad no es una receta para conocer lo inesperado, sino para contar con ello.

 

LA ELEGANCIA OLVIDADA

Dice James G.March, un afamado profesor emérito de la Universidad de Stanford y experto en teoría de organización y toma de decisiones, que su forma de abordar las ideas es de forma estética, que le preocupa que tengan algún tipo de elegancia. Recuperemos el término como principio orientador porque parece haber caído en desuso, e incluso lo recibimos con extrañeza en determinados contextos. Sin embargo, no nos debería sorprender que aparezca en ámbitos que le pueden parecer alejados. En ciencia, por ejemplo,  el interés por la elegancia ha dado grandes rendimientos, y si no miremos a P. Dirac, el gran físico teórico para quien el universo tenía que estar escrito en un lenguaje matemático bello y elegante, y así orientó su investigación con los extraordinarios logros que todos conocemos.
En el mundo de la empresa, donde se dan tantas recomendaciones gratuitas para ser un buen líder, es raro que entre ellas aparezca el término elegancia, y sin embargo, parece necesario integrarlo.
¿Qué es ser elegante? Según su etimología, elegancia viene de “elegir”, así, elegante es el que tiene capacidad de elegir. La elegancia es obra de la libertad, no tiene servidumbres, sólo elige el que puede elegir, pero no se trata de cualquier elección, sino que de forma inmediata le atribuimos también buen gusto, o sea, que de alguna forma, ” el elegante” es capaz de reconocer un cierto sentido de belleza en sus elecciones.
La belleza en todos los ámbitos tiene que ver con lo bueno, lo justo, con la sencillez, la mesura, la proporción, la claridad, la armonía, y que se expresa en todo lo exterior, porque es un movimiento que va de dentro hacia fuera. Se expresa en la conducta, en el lenguaje, también en la forma de presentarnos ante los demás.
La proporción y la armonía de las partes se manifiesta en esta obra de Mondrian (Cuadro nº2, 1.925), en su sencillez, en prescindir de cualquier tipo de artificio o elemento superfluo.

Mondrian

Pero la elegancia es también la expresión de un mundo personal, por eso la distinción es otro de sus atributos. La distinción en tanto una distancia que se establece con los demás, y que es la forma para expresar su singularidad, es decir, lo que en todos nosotros hay de irrepetible y único. Por tanto requiere naturalidad, espontaneidad en el sentido de que no se actúa por convención, sino por invención propia, y sobre todo requiere autenticidad. Y esto precisa un profundo conocimiento de sí mismo, para expresar la coherencia entre ser y hacer.
También se manifiesta en una actitud de benevolencia hacia sí mismo, y hacia el mundo que le rodea, en una comprensión de la realidad, pero no para someterla a sus propios intereses, ni para manipular a los demás, sino para reconocer lo que le conviene y elegir de entre todas las posibilidades aquella que le perfecciona, y así ayudar a que cada cosa sea del todo lo que es, y lo que puede llegar a ser, y no perder ese horizonte. Esto requiere autodominio, ser dueño de sí, pero también un reconocimiento del otro en su dignidad.
Elegancia es una actitud ética, en tanto que supone una elección consciente y madura, de lo mejor, de lo bueno. No estaría mal seguir el principio de P. Dirac, ese “tiene que ser bello”, pero no como recomendación o como exigencia, sino porque esa tendencia, ese tender hacia lo bello, es inevitablemente humano.

APRENDER A APRENDER

Sally: “He estado leyendo poemas en la escuela, pero no los entiendo. ¿Cómo puedo saber si el poema me gusta?.

Charlie Brown: “Ya te lo dicen”.

Este diálogo que pertenece a una tira del humorista Schultz, ilustra de alguna forma lo que en el pasado, se concebía como aprendizaje:  una copia o registro mecánico en el que se adquieren respuestas, y se reciben instrucciones. Por el contrario, hoy  el aprendizaje se concibe como un proceso activo, en el que no nos limitamos a adquirir conocimiento, sino que lo construimos a partir de conocimientos previos.

La “sociedad del conocimiento” se caracteriza por el cambio cada vez más rápido de conceptos, valores, y tecnología, y se requieren  competencias como la aptitud para trabajar en equipo, la capacidad de comunicación, pero sobre todo la aptitud para aprender. Aprender a aprender, significa hacernos cargo nuestros propios procesos de aprendizaje.

En contextos con tantas demandas de innovación, necesitamos que el conocimiento esté disponible con una cierta inmediatez, quizás no de una forma tan profusa como sugiere esta escultura de la artista Alicia Martín que utiliza el libro como un material de expresión plástica como vemos en su trabajo Singularidades 2011.

Para que  se de esa disponibilidad , para que nuestro conocimiento esté disponible, es preciso que hayamos aprendido de forma significativa.

SINGULARIDADES1

Parece que aprendemos de forma significativa (Ausubel) cuando se establece una interacción entre el conocimiento nuevo, y el conocimiento previo, pero esta interacción no se entiende  como una mera conexión, sino que lo nuevo tenemos de relacionarlo con los aspectos relevantes del conocimiento que  teníamos previamente. Es decir, cuando nuevos conocimientos, conceptos, ideas o modelos pasan a significar algo para nosotros, es decir, cuando somos capaces de explicar situaciones con nuestras propias palabras, y cuando somos capaces de resolver problemas nuevos.

El aprendizaje significativo precisa de nuestra predisposición para aprender, pero también es necesario tener en cuenta ciertos aspectos: en primer lugar, que no somos receptores de información, sino perceptores, es decir, percibimos el mundo y lo representamos mediante modelos mentales, de forma que lo que vemos es producto de lo que creemos que está en el mundo. No vemos las cosas como son, sino como somos.  Por otra parte, la capacidad de aprender tiene que ver con la capacidad de abandonar percepciones inadecuadas, y desarrollar otras nuevas, y más funcionales. Además, la percepción depende en gran medida del lenguaje. Creemos que el lenguaje expresa nuestro pensamiento, y refleja lo que vemos, pero esto es una idea muy reduccionista. Lo cierto es que el lenguaje está implicado completamente en nuestra forma de percibir la realidad. Lo que percibimos es inseparable de cómo hablamos.

También conviene recordar que el conocimiento se ha construido a través de la superación del error, y que aprendemos corrigiendo nuestros errores. Por último, y puesto que a veces nuestro conocimiento previo nos impide captar los significados del nuevo conocimiento que queremos incorporar, será preciso distinguir entre lo relevante y lo irrelevante. A veces, usamos  estrategias y los conceptos que nos han servido en el pasado, pero que son irrelevantes ante las nuevas demandas de un mundo en transformación constante, y si esa transformación es profunda, y rápida como es el caso, es preciso identificar cuáles de los viejos conceptos y estrategias son adecuados a los nuevos desafíos.

“NO ME DA LA VIDA”

Ahora, cuando alguien quiere expresar que no tiene tiempo para nada, suele decir “no me da la vida”. Esta expresión produce una cierta tristeza. Parece que hayamos dejado de gobernar nuestra vida, para ser ella la que nos gobierne. Para el filósofo Byung-Chul Han que ha tenido tanto éxito con su libro La sociedad del cansancio, vivimos en una sociedad de rendimiento, en la que cada individuo se impone a sí mismo la maximización de resultados en todo aquello que realice. Solemos tener la agenda llena de actividades, compromisos, tareas, citas, reuniones…, y además tenemos que ser positivos, y tener éxito en todos los ámbitos de nuestra vida. Más aun, estamos sometidos a cantidades ingentes de información que tenemos que conocer, y que no podemos priorizar. Así, nos abandonamos a esa” libre “obligación de maximizar nuestro rendimiento, y ejercemos una violencia sobre nosotros mismos llevando al límite nuestras capacidades. El resultado es una suerte de autoexplotación, ante una obligación que aparentemente no viene impuesta por nadie, sino que se ejerce desde la libertad.

Bansky, ese conocido artista del art street, expresa muy bien en este mural, la “libre” dejación de nuestra propia vida, y de lo más preciado, nuestros propios sueños, pero, en aras ¿de qué?

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Pensemos en las consecuencias de todo esto. Por ejemplo la tan celebrada multitarea, un término que era propio del ámbito computacional, ha pasado a definir también una capacidad humana que describe a alguien que puede realizar con éxito varias actividades al mismo tiempo. Aún cuando parece que es una capacidad muy deseable, lo cierto es que muchos estudios apuntan a que no es una forma eficiente de hacer las cosas. Al realizar varias tareas a la vez, la atención se divide, y esto nos acerca más a un animal salvaje que precisa para su supervivencia de una atención multifocal, que a un ser humano, con capacidad de reflexión y de análisis. Todo esto, dice Byung-Chul Han, lleva a una limitación de la atención profunda y contemplativa que es la que ha dado a la humanidad sus grandes logros.

Una forma de combatir el fracaso al que nos lleva la sociedad de rendimiento es mirar con atención. La manera en que actuamos en el mundo refleja cómo miramos. La lucidísima Simone Weil da algunas claves acerca de la atención. Para Weil, la atención no está ligada al esfuerzo, ni a la voluntad, sino al deseo:

“Un cuento esquimal explica así el origen de la luz: “El cuervo que en la noche eterna no podía encontrar alimento, deseó la luz  y la tierra se iluminó”. Si hay verdaderamente un deseo, si el objeto de deseo es verdaderamente la luz, el deseo de luz produce luz. Hay verdadero deseo cuando hay esfuerzo de atención. Es realmente la luz lo que se desea cuando cualquier otro móvil está ausente. Aunque los esfuerzos de atención fuesen durante años, aparentemente estériles, un día, una luz exactamente proporcional a esos esfuerzos, inundará el alma”. (A la espera de Dios. 1993, Trotta)

Dice Byung-Chul Han, que somos esclavos de una vida poco interesante: la mera vida frente a la buena vida. Parece que una forma de combatir ese camino al fracaso que supone una vida sobre la que no tenemos control, es propiciar una mirada atenta. Miremos.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR COMUNICACIÓN?

Decía Montaigne queLa mitad de la palabra pertenece a quien habla, y la otra mitad a quien escucha”. Es decir, tanto el que habla, como el que escucha, tienen una participación activa. Y esto nos lleva también a su etimología: communis que significa común. De esta forma, quedarían fuera, aquellas formas, que equiparan comunicación a un mero proceso de transmitir significados a otra persona, sin otra posibilidad que ser un receptor pasivo. Así, ¿ sería comunicación el discurso dógmatico, en que, el que habla tiene la verdad, y no necesita ser corroborado por el que escucha?, ¿sería comunicación un discurso en el que se devalúa cualquier posibilidad de réplica?.

Y aún más: ¿sería comunicación persuadir a otro, en el sentido de inducir a una persona, mediante razones, a hacer, o creer una cosa? Casi siempre, el fin persuasivo está muy ligado al concepto de comunicación, independientemente de la bondad de los fines que persigue el comunicador. En general, pensamos que alguien es un buen comunicador porque es muy persuasivo. Pero una actitud egoísta impide ver más allá de los propios intereses, no podría ver al otro como un fin en sí mismo, sino como un objeto útil para sus fines particulares. Si consideramos al otro como objeto útil, se le cosifica y se la priva de la posibilidad de su realización individual. La mirada adusta de esta mujer retratada por Vivien Maier en el Nueva York de 1956, no invita a establecer dialógos.  No sólo por su gesto, parece que no hay voluntad de reciprocidad, seguramente esté más dispuesta a proferir una orden, que a establecer una comunicación simétrica.

September 1956, New York, NY

La comunicación es mucho más que un intercambio de mensajes, es un proceso complejo y profundo en el que es preciso abrirse a la comprensión del otro. Es la mirada hacia el otro, la que cambia todo. Si queremos comunicarnos es necesario ver al otro en su integridad, abandonar nuestro propio punto de vista, y tratar de situarnos en el punto de vista del otro. Pero no se trata de un ejercicio psicológico, en el que hacemos suposiciones, e intentamos averiguar sus razones, sino más bien de acogerle en su singularidad, y reconocer su valor como ser humano. El respeto está en la base de toda comunicación. De esta forma se establecen relaciones simétricas, el destinatario es reconocido como un igual. Hay una reciprocidad.

Comunicación desde este punto de vista, es un proceso de entendimiento entre las personas. Sólo así se pueden tomar decisiones compartidas, y llegar a acuerdos. La única práctica posible para lograr esto es suprimir los juicios propios, pues si nos mantenemos en nuestra posición, no llegaremos a  conocer las razones del otro. Pero también hay una condición necesaria: comprometernos en la búsqueda de la verdad, en alguna forma de acuerdo. Es decir, creer en una verdad que se sustenta en la realidad, y que puede que no sea la que estoy defendiendo, y comprometernos en su búsqueda a través del diálogo. Así para comunicar bien también es importante “pensar bien”, tener claridad conceptual, pero sobre todo, comunicar bien tiene que ver con actitudes, con situar el respeto al otro,  en el centro de todas nuestras formas de relación con los demás. Sólo así puedo hacerme cargo, o responsabilizarme de esa mitad de la palabra que me pertenece, bien  sea el que habla o el que escucha. Sigue leyendo

SOBRE EL LIDERAZGO

El liderazgo es uno de los fenómenos mundanos más observados y menos comprendido. La frase es de J.M.Burns, uno de los teóricos más importantes sobre estos temas, y que nos da una idea de la dificultad para consensuar su definición.
La esencia del liderazgo es contar con seguidores. Lo que convierte a una persona en líder es la disposición de los demás a seguirlo. Los seguidores se identifican con el líder, y esa identificación lleva a hacer  suyo el deseo del líder. Esta idea de desear deseos ajenos, la expresaba de una forma muy original la artista brasileña Rivane Neuenschwanders en la instalación titulada I wish your wish, en que numerosas cintas de colores impresas con deseos de los visitantes, colgaban de las paredes de los museos y galerias de medio mundo.

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La concepción tradicional de liderazgo entendido como un fenómeno transaccional, o de intercambio en que el líder motivaba a las personas para realizar determinadas acciones  fomentando la esperanza de ganar algo, dió paso al denominado liderazgo transformacional, en que el líder motiva a sus seguidores atendiendo a un tipo de necesidades de orden superior (autorrealización, desarrollo de potencialidades) dando lugar así a una transformación en las creencias y valores de los seguidores. Sin embargo, esto puede derivar en la manipulación por parte del líder, y su influencia puede ser utilizada con fines poco éticos.
En las organizaciones hay una gran preocupación por incorporar profesionales que sean capaces de cohesionar grupos de personas, para el logro de un objetivo común. Y esto, lograr la cohesión, constituiría el aspecto más técnico del liderazgo. Pero, también, tiene un aspecto ético que se traduce en atender a la responsabilidad de nuestras acciones, y a las necesidades ajenas. La empresa es una comunidad de personas, y el aspecto ético no es una opción, sino que está en el mismo núcleo del concepto de liderazgo. De este modo, la elección entre eficacia y ética, entre un líder ético y un líder eficaz, es engañosa porque ambos aspectos no son excluyentes. Si se privilegia la eficacia frente a la ética, la supervivencia de la empresa a medio, y largo plazo, va a quedar comprometida. Por otra parte, será imposible conseguir el compromiso de las personas si no existe una base de confianza mutua. En la sociedad actual, las personas ya no respetan a los demás simplemente por su cargo en el trabajo, todo el mundo rechaza el uso coercitivo y manipulador del poder. Sólo se acepta el poder ejercido con respeto y responsabilidad. El líder al servicio de los demás, es el único que genera confianza.
Pero entonces el líder ¿nace o se hace?. Este es un debate inacabado, algunos aspectos como conocimientos, y habilidades se pueden perfeccionar mediante el aprendizaje teórico. Hay mucha literatura acerca de las competencias que debe tener un líder , y también de sus prácticas. De entre todos los atributos, yo destacaría la confianza del lider en el valor intrínseco de las personas, y en la posibilidad de su desarrollo.  Y como práctica, la necesidad de crear un espacio de reflexión, porque ayuda a ver todo desde un horizonte más amplio, ayuda a abordar los problemas pensando más allá de las realidades del día a día, y, también, a comprender los valores y creencias que nos mueven a cada unos de nosotros. Esta capacidad de reflexión requiere disciplina y práctica, y tiene una gran importancia, pues  como decía el Sócrates platónico  en el diálogo Alcibíades: Todo hombre que no conoce las cosas que están en él, no conocerá tampoco las que pertenecen a otros.